Personas que dejan huella: Araceli Ortega
En InteRed creemos que hay personas que dejan una huella profunda, porque con su vida inspiran, enseñan y hacen brillar a quienes tienen cerca. Una de ellas es Araceli Ortega, reconocida este año en nuestro homenaje Personas que dejan huella.
Durante muchos años, Araceli ha formado parte y dinamizado con entusiasmo y dedicación el Comité de Burgos de InteRed Castilla y León. Su activismo, su energía, sus valores como persona y su sabiduría nos han acompañado siempre. Con ella hemos aprendido que caminar juntas es más fácil y enriquecedor.
En este homenaje queremos expresarle todo nuestro reconocimiento, cariño y gratitud por su entrega y dedicación a la misión compartida de seguir impulsando la educación, igualdad y justicia social.
Como parte del homenaje, Abel Ortega—profesor y voluntario de InteRed en Burgos desde hace muchos años— escribió un relato que recoge la esencia de Araceli y que habla de la verdadera magia de enseñar y acompañar:
La brújula mágica
Cuento. Por Abel Ortega
Dicen que todos tenemos una brújula dentro de nosotros, una brújula muy especial, una brújula mágica. Esta no señala el norte, ni el sur, sino los lugares donde por alguna razón debemos ir. Algunas personas le hacen y se encuentran bien hagan lo que hagan, otras se empeñan en desobedecer a su brújula interna y nunca encuentran su lugar.
Hoy os voy a contar la historia de una mujer que tenía una brújula muy especial. Su brújula interior siempre señalaba a aquellos lugares donde alguien necesitaba aprender algo o a aquellas personas que necesitaban recibir cariño y afecto.
Cuando la brújula brillaba hacia un lado, la mujer sabía que allí había un niño esperando a descubrir las letras. Cuando brillaba hacia otro, era porque alguien necesitaba una mano amiga.
La mujer era maestra, pero no solo en la escuela. También lo era en la vida. Ella sabía escuchar, sabía dar su tiempo y, sobre todo, sabía hacer que cada persona se sintiera importante.
Los que la conocían dicen que, con cada gesto suyo, nacía una estrellita invisible que quedaba flotando en el aire. Por eso, cuando uno de sus alumnos sonríe, cuando alguien ayuda a otro con cariño, esas estrellitas vuelven a brillar.
En ocasiones su brújula giraba más fuerte de lo normal. Primero la llevó a escuchar el mar en Portugal, donde enseñó a abrir libros como si fueran cofres llenos de tesoros. Después la guio hasta Venezuela, donde el sol y las montañas la ayudaron a enseñar que la vida y el conocimiento también se parece a sembrar: cuanto más compartes, más crece.
Así fue como su brújula mágica tejió puentes entre países y corazones.
Por eso hoy queremos hacerle un homenaje a esa maestra que tanto nos ha dado, tanto nos ha hecho brillar y que todavía hoy sigue brillando, porque la verdadera magia no está en los cuentos de dragones o princesas, sino en las personas que saben enseñar con amor.”
Gracias, Araceli, por tu entrega, por tu magia y por todas las estrellitas que sigues haciendo brillar.