Perú. Informe. Barreras que enfrentan las mujeres rurales de Huancavelica y Puno para vivir libres de violencia

Tipo de recurso
Propuestas educativas internacionales
Subcategoria
Estudios y diagnósticos
Público destinatario
Bachillerato
Educación secundaria
Educación superior
Formación profesional
Por tematica
Diversidad, igualdad y prevención de violencias de género
Idioma
Español
Fecha

El informe: Barreras para acceder a servicios de prevención, atención y recuperación de violencia de género en entornos rurales de Huancavelica y Puno, elaborado en el marco del proyecto: KALLPAY WARMI. Fortaleciendo la lucha contra las violencias de género y la defensa de la democracia desde la acción de mujeres andinas, financiado por la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID) y coordinado por el Movimiento Manuela Ramos de Perú, ha sido realizado en las comunidades de Huancavelica y Puno. 

La investigación participativa, desarrollada en las provincias de Acobamba, Angaraes, Huancavelica y Tayacaja, así como en Puno y San Román (Juliaca), analiza las experiencias de mujeres rurales, lideresas, autoridades comunales y operadores de justicia para identificar las principales barreras existentes en la ruta de atención frente a la violencia de género. 

El informe revela que las mujeres quechuas, aimaras y uros deben enfrentar largas distancias, discriminación, falta de atención en sus idiomas y la revictimización institucional para denunciar la violencia de género y el acceso efectivo a la protección y a la justicia.

Las mujeres de origen quechua, aimara y uro enfrentan los mayores niveles de vulnerabilidad debido a que viven en territorios dispersos, con limitada presencia del Estado y escasa oferta de servicios especializados. Esta situación hace que ejercer el derecho a una vida libre de violencia sea significativamente más difícil que en zonas urbanas. 

El informe concluye que garantizar el acceso a la justicia para las mujeres rurales requiere mucho más que ampliar la cobertura de servicios. Es necesario fortalecer la presencia estatal en los territorios, asegurar atención intercultural y bilingüe, combatir la corrupción, mejorar los mecanismos de protección y transformar las normas sociales que perpetúan el machismo y la violencia. 

 

Entre las principales barreras: 

Barreras estructurales: 

  • Pobreza y dependencia económica de las mujeres respecto de sus agresores. 

  • Racismo y discriminación hacia las mujeres quechuas, aymaras y uros. 

  • Desigualdades territoriales que dificultan el acceso a servicios públicos. 

  • Patriarcado y estereotipos de género que normalizan la violencia. 

Barreras geográficas y territoriales: 

Las mujeres deben recorrer largas distancias para acceder a comisarías, fiscalías, Centros Emergencia Mujer (CEM) y otros servicios. En muchas comunidades: 

  • Existe escaso transporte público. 

  • Los costes del traslado son elevados. 

  • La conectividad digital es insuficiente. 

  • La presencia territorial es limitada o inexistente. 

Estas condiciones provocan abandono de denuncias y dificultades para dar seguimiento a los casos. 

Barreras institucionales: 

Se identifican problemas recurrentes a la ruta de atención: 

  • Negativa de algunas instituciones a recibir denuncias. 

  • Exigencia indebida de pruebas para registrar casos. 

  • Cobros informales. 

  • Falta de infraestructura adecuada y refugios suficientes. 

  • Escasa empatía y revictimización durante la atención. 

  • Débil coordinación entre instituciones. 

Barreras lingüísticas e interculturales: 

Muchas de las mujeres tienen como lengua materna el quechua o el aimara y encuentran dificultades porque: 

  • No hay intérpretes suficientes. 

  • Los servicios funcionan principalmente en castellano. 

  • Existen prácticas discriminatorias hacia quienes no hablan castellano con fluidez. 

Todo ello genera desconfianza y limita el acceso a la justicia. 

Barreras socioculturales: 

  • Machismo y roles tradicionales de género. 

  • Presión familiar y comunitaria para no denunciar. 

  • Miedo al estigma social y a las represalias. 

  • Normalización de la violencia dentro de las familias y comunidades. 

La investigación también identifica experiencias positivas que contribuyen a romper las barreras como son las organizaciones de mujeres, las lideresas comunitarias, las Instancias de Concertación, los jueces de paz y las rondas campesinas que desempeñan un papel clave en el acompañamiento de casos y en la generación de redes de protección. Asimismo, la articulación entre las instituciones públicas y las organizaciones sociales ha permitido mejorar algunos servicios y acercar la atención a territorios tradicionalmente excluidos.

Enlaces de interés